Mujeres sauditas trabajan y chocan con tabú

16/Dic/2013

El País, Uruguay

Mujeres sauditas trabajan y chocan con tabú

Como parte de una campaña para reducir el desempleo, el Ministerio de Trabajo de Arabia Saudita promueve el trabajo de las mujeres, pero los estrictos códigos sociales que se manejan en el reino chocan con la iniciativa.El porcentaje de mujeres sauditas que trabaja continúa siendo minúsculo, según estándares mundiales, alrededor del 15%. Muchos empresarios sostienen que prefieren contratar a mujeres porque son más cumplidoras y no abandonan el empleo, prestan más atención a los detalles, tienen iniciativa y una productividad que duplica la de los hombres. Pero muchos de ellos, para evitar problemas con quienes se oponen al empleo femenino, no las contratan.La policía religiosa no fue la que castigó a la princesa Reema Bint Bandar Al Saud, que dirige la tienda Harvey Nichols en Riad, cuando ella, para darle un clima más refinado al local, puso música instrumental de laúd.Fue una clienta -que gasta un promedio de 13.000 dólares cada vez que va a la tienda- la que llamó furiosa y acusó al comercio de comportamiento antiislámico.La princesa Reema Bint Bandar Al Saud dijo que quizás tendría que haber optado por otro sonido, reflejando en su respuesta la reacción adversa que los empresarios enfrentan en este reino tan religioso y conservador, cuando introducen cambios mínimos en la manera de hacer las cosas.Pero, eso es parte de ser una pionera en Arabia Saudita donde las mujeres están severamente restringidas en todas las actividades públicas y las tratan como si estuvieran bajo la tutela de sus familiares hombres.Pese a sus credenciales reales, la princesa tuvo que desistir de la música pero avanzó en un tema también delicado que es contratar a mujeres como vendedoras. Ese paso -un salto en el contexto saudita- no solo busca un giro en las convenciones sociales, sino también ayudar a la economía del país a largo plazo.En la tienda Harvey Nichols hay decenas de empleadas mujeres cubiertas por un atuendo negro, con el cabello también oculto y sus ojos solo se ven a través de pequeñas aberturas en el velo que cubre sus rostros. Ellas ordenan la ropa, ofrecen cosméticos y pasan tarjetas de crédito por las terminales. Hace dos años, muy pocas mujeres trabajaban en este comercio.Desde hace mucho tiempo, las restricciones que aplica Arabia Saudita a las mujeres suscita la condena de grupos defensores de los derechos humanos. El hecho más reciente fue cuando decenas de mujeres desafiaron la prohibición de conducir vehículos sentándose al volante. Sin embargo, según los defensores de sus derechos, la atención internacional que concitó ese hecho oculta los profundos, aunque graduales, giros en la sociedad saudita, a medida que más mujeres trabajan ayudando a dirigir organizaciones y obtienen alguna independencia económica.MINORÍA. Pese a que el esfuerzo ha sido promovido por el Ministerio de Trabajo como parte de una campaña para reducir el desempleo y la dependencia de los trabajadores extranjeros, la iniciativa choca contra códigos sociales estrictos. El porcentaje de mujeres sauditas que trabaja continúa siendo minúsculo, según estándares mundiales: alrededor del 15%.Muchos empresarios dicen que prefieren contratar a mujeres y ahora varias empresas disponen de salas de descanso para ellas. Colocaron separaciones y cámaras para que no se mezclen con los hombres.»Promovemos la contratación de mujeres sauditas, debido a que tienen un bajo nivel de abandono del empleo, prestan mejor atención a los detalles, tienen voluntad de desempeño y una productividad que duplica a la de los hombres», dijo el gerente de un almacén que tiene sucursales en todo el reino.Pese a ello, las mujeres sauditas solo representan menos del 5% de su personal de más de 1.000 empleados, debido a los tabús sociales. Este comerciante habló a condición de que se mantuviera en reserva su nombre y el de su empresa, para evitar problemas con quienes se oponen al empleo femenino.Si bien las mujeres que trabajan son relativamente aceptadas en la ciudad de Jeda, a orillas del Mar Rojo, la incorporación de cajeras en una ciudad más conservadora causó tal revuelo que intervino un príncipe del lugar y pagó a las mujeres los salarios durante más de un año para que se quedaran en sus hogares.Otros empresarios han descubierto oportunidades de negocios al cerrar la brecha entre empresarios y mujeres.DUDAS. «Para algunos empresarios, es la primera vez que contratan mujeres y no saben cómo tratarlas», dijo Khalid Al Khudair, de 30 años, quien dirige un servicio de empleo de mujeres denominado Glowork que coopera con el gobierno para impulsar el trabajo femenino.En dos años, la empresa encontró empleos a más de 10.000 mujeres, incluyendo una jefa ejecutiva financiera, varias gerentas de recursos humanos así como puestos en una fábrica de lámparas eléctricas para un grupo de ellas, dijo Al Khudair.Sin embargo, a lo largo del reino, dos tercios de las mujeres egresadas de la universidades carece de empleo, lo que indica que el mercadolaboral todavía no está al día con los enormes avances en la educación.Algunos sauditas alaban al rey Abdula como un reformista por designar a 30 mujeres en el consejo asesor real y darles el derecho a postularse y votar en las elecciones municipales.Otros critican al reino por estar rezagado en el mundo al no designar mujeres como juezas, embajadoras y ministras y dejar en vigor las «leyes de tutela» que vedan a las mujeres los viajes, el trabajo, el matrimonio y determinados procedimientos médicos, sin el permiso de un familiar hombre.»La sociedad conservadora y los clérigos enfrentan una crisis para tratar la modernidad», indicó Hatoon Al Fassi, profesor adjunto de Historia de la mujer en la Universidad Rey Saud, en Riad. «Cada vez que ocurre algo nuevo, sospechan y de inmediato piensan que debe haber algún tipo de conspiración que quiere la decadencia de nuestra sociedad», sostiene el profesor.El estímulo de salir y recibir un salarion Harvey Nichols ha servido de caso pionero, beneficiándose de un pequeño equipo de trabajo, recursos amplios y, por supuesto, una dueña de la realeza.»Este comercio es un gran experimento social porque hablamos de damas que tuvieron obstáculos severos para llegar aquí», dijo la princesa Reema, de 38 años, quien estudió en Estados Unidos, mientras su padre, el príncipe Bandar Bin Sultan, sirvió como embajador. Al guiar a un visitante por su local, que ya no tiene música, explicó que abrió una guardería para los chicos de las empleadas y da viáticos de transporte a las mujeres que no pueden conducirse a trabajar.El comercio no regula los velos faciales -puntualizó-porque algunas mujeres prefieren cubrirse el rostro en el trabajo.»Sus familias no necesariamente quieren que otras personas tengan conocimiento que sus hijas están trabajando en un comercio minorista», dijo. Por el mismo motivo, las empleadas no lucen tarjetas de identificación con sus nombres.Hace dos años, la tienda solo tenía 12 empleadas, incluyendo a la propietaria. Esa cifra se quintuplicó y seguirá creciendo, indicó la princesa.Jawarah, una vendedora de 35 años que estaba parada entre percheros con vestidos de alta calidad, luciendo un velo que cubría su rostro, dijo que este es su primer empleo y que su marido inspeccionó el comercio antes de permitirle que tomara el trabajo.Precisó que si bien su madre y sus tías nunca trabajaron, en cambio todas sus hermanas lo hacen. «Es agradable salir a trabajar y recibir un salario», comentó.